Esta es la cuarta entrega de nuestra expedición a las Islas Falkland con la que pretendemos conocer la vida en el fin del mundo.

Tercer día de nuestra expedición a las Islas Falkland. Ya perseguimos pingüinos, conocimos una isla desierta y para ser sinceros cada día que pasa, esta isla no deja de sorprenderme, al grado que he de confesar que, en algunos momentos, ¡quisiera vivir aquí!

Debo partir de que no existe cosa más falsa que la percepción que tenemos acerca de vivir en el Polo Sur o en el Fin del Mundo.  Por alguna razón, todos imaginamos que vivir en esta latitud implica vivir a 50 grados bajo cero, pescar salmón y vivir en nuestros iglúes; solos, sin esperanza alguna de desarrollo personal y completamente apartados de la civilización, y aunque esto último no es del todo falso, geográficamente hablando,  las ligereza con la que viven y hablan las personas que viven en estas islas, me hace ver que, estar apartado de la civilización, no es del todo malo.

Por ejemplo, aquí nadie da un peso por la entrega del Oscar y hasta el momento no he visto a nadie inmutarse por la ‘selfie’ de Ellen.  Vaya, no es que no les interese, pero digamos que las personas aquí, a diferencia de nosotros no han perdido la esperanza y sus mayores preocupaciones están en las noticias que verdaderamente afectan su vida diaria. ¿Está bien o está mal?  No soy quién para juzgar, pero es algo que ciertamente envidio, más en una era en donde solemos autosometernos a una sobre-exposición informática.  Venezuela, Ucrania, el Oscar, Carles Puyol, bla bla bla bla y a final de cuentas es muy probable que terminemos sabiendo más sobre el caso de Oscar Pistorius en Sudáfrica, que de los problemas que afectan a nuestra familia, o a la persona que se sienta al lado de nosotros en la oficina, aún y cuando pasamos con ella 50 horas a la semana.

Stanley

Dicen que en esta vida, “unas por otras”, y la verdad es que cada persona sabrá priorizar sobre lo que más valora tener, pero en fin, haciendo a un lado mi parte hippie que suele aflorar en esta clase de viajes, he de retomar el motivo principal de mi vista a las Islas Falkland que es ni más ni menos conocer cómo vive la gente en estas latitudes y de ahí que hoy decidiera investigar ¿cuánto cuesta vivir en el fin del mundo?

De nueva cuenta, uno pensaría que es un estilo de vida bastante caro, o bastante barato.  Es curioso cómo solemos irnos a los extremos en estos temas, así que debo partir por lo más básico.

El salario mínimo que se paga en las Islas Falkland es de 5.20 libras por hora, es decir, algo así como 115 pesos la hora. Muchas personas suelen tener dos o tres trabajos, no porque estén malpagados o porque se aburran sino porque, al ser un país con menos de 3 mil habitantes, hay muchos servicios que no cuentan con la demanda suficiente para justificar el tener abierta una oficina más de ocho horas.  Como en todos lados, habrá quien gana más, pero en términos prácticos, cada trabajador en esta isla se embolsa 20 mil libras por año, que son algo así como $460 mil pesos anuales, o 38 mil pesos al mes.

Y sí, ya vi a todos renunciando en estos momentos de sus trabajos godínez para venirse a vivir a las Falkland, sin embargo hay muchos servicios que son infinitamente más caros en comparación a los que tenemos en México.  Por ejemplo, rentar una casa, cuesta entre 600 y 1,200 libras al mes; comprarla, podría terminar costando 70 mil libras, aunque en esa cantidad va incluido el encanto que tiene el poder comprar tu casa POR INTERNET, ya que aquí no existen las empresas constructoras, por lo que uno pide su casa por internet, la configura, y en cuestión de 6 semanas llegará por barco desde el Reino Unido.  Ahora que si prefieren envío aéreo, hay quien compra su casa y la tiene en 17 días, cortesía de DHL:  ¿no les parece lo más avanzado del mundo?

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Otro de los rubros donde más gasta la gente en las Falkland, es en electricidad y telecomunicaciones. El acceso a internet aún es limitado pero sobre todo caro. Una tarjeta para navegar una hora, cuesta 5 libras.  Y sí, yo también pensé que me estaban chamaqueando, de ahí que me atreví a preguntarle a una mujer cuánto pagaba por el servicio de internet en su casa y su respuesta fue:  140 libras al mes y no es el mejor de los paquetes.

De nueva cuenta, es una situación donde muchos atascados de la red, como yo, apretamos el botón de pánico de manera inmediata, sin embargo, con el paso del tiempo, te das cuenta que no tener internet todo el tiempo es una bendición más que un problema. Te ahorras los correos-mensajes-whatsapps o lo que sea de tu jefe para latosearte en fin de semana o a las 10 de la noche; de nueva cuenta evitas la sobre-saturación de información y ves que en realidad no eres tan importante como creías. El mundo sigue girando estés o no estés, te enteres o no.  Por el contrario, cuando te conectas a internet, vuelves a priorizar lo que realmente te importa (como por ejemplo, los Lunes de Mallitas) , lo que no, y sigues con tu vida.   Como dato curioso, la telefonía celular llegó a las Islas Falkland hasta el 2005.
En temas de educación, el sistema garantiza educación gratuita para todos los falklanders hasta que cumplen los 16 años. A esa edad, los mejores estudiantes pueden aspirar a cursar su educación superior en cualquier universidad del Reino Unido con ayuda del gobierno de las islas, los que no, entran a una escuela técnica ubicada en Stanley.
Si de salud se trata, también todos los nacidos en las islas cuentan con servicios de salud gratuitos, ¡hasta el dentista!  Vaya, es tal el cuidado de la ciudadanía, que en caso de que algún paciente sufra de alguna enfermedad más grave o delicada, el gobierno costea el traslado y tratamiento en Chile, tratamiento que sólo costará al paciente 500 libras.
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Ir al super es otra gran aventura.  ¿Se imaginan qué hay en un supermercado ubicado en las Islas Falkland?  Pues obviamente lo mismo que hay en cualquier otro súper del mundo.  De verdad es sorprendente la variedad de productos que tienen ahí, sin embargo, a pesar de que estamos en una isla auto-sustentable en temas de carne y pescado, el 99.9% de los productos que se consumen, son importados desde el Reino Unido.  Esto es en parte por los bloqueos económicos que ha impuesto Argentina, en parte también, porque no dejamos de estar en una isla semidesierta, donde afortunadamente aún no llegan las grandes compañías a aniquilar todo lo que ven a su paso, con tal de tener “fábricas más productivas”.   Una de las cosas más curiosas es que, pese a tener hectáreas de áreas verdes, la gran mayoría de frutas y verduras tienen que ser importadas, de ahí que cuesten una locura.  Un plátano cuesta 1 libra, por ejemplo.  Sin embargo, mi dato favorito de comprar alimentos en las Falkland es el consumo de huevo.  En esta isla debe haber 4 o 7 gallinas, claramente incapaces de proveer huevos para todos los habitantes,  de ahí que mucha gente compra sus huevos ¡en el aeropuerto! Si, leeyeron bien. Llega una carga de huevos por avión y la gente los compra en el aeropuerto.  Otros más aventurados los pide por internet y llegan las cajas de huevo con todo y su timbre postal desde el lugar en el que fueron importados.

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Por último, otro de mis datos favoritos que he descubierto durante mi estancia en las Falkland es que ¡aquí no hay desempleados!  De hecho, las proyecciones que hacen en la Cámara de Comercio, Pesca y Agricultura, es que, en no mucho tiempo, sobrarán empleos, así que, “ninis” del mundo, ¡ya saben a donde venir!

Por cierto, hoy descubrí que existe una estación de radio local, que se llama BBBS donde uno puede oír HAIM, Jake Bugg, Bombay Bycicle Club, Noel Gallagher, Massive Attack y demás.  Un punto más para quedarme a vivir en las Islas Falkland.

Mañana tendré el gusto de conocer al gobernador de la Isla, así que desde aquí les estaré contando cómo es hacer política en el fin del mundo.

Cambio y fuera.