Primaveral se publicó desde el año pasado; debo admitir que apenas durante el inicio de este tuve tiempo de leerlo. El libro de cuentos de Salvador Ortiz comienza a hablarnos con una sinceridad casi incómoda, como una plática en la que no deberíamos estar pero que nos incluye y nos encuentra dialogando rápidamente.

Los cuentos de lo cotidiano se escriben para destruir esa idea, porque mucho revela la rutina cuando se le desnuda y el monstruo incomprensible que yace debajo es el personaje principal de estos cuentos: esposas que van de compras, un franciscano de la época colonial, un adolescente que viaja con sus primas y hermanos, dos mujeres que recuerdan su pasado amoroso; Salvador Ortiz logra describir el detalle simple de la vida que muestra el más profundo aprendizaje. Nada ñoño, no se asusten, esta no es literatura didáctica, no enseña nada que ignoremos, expone más bien, con fuerza incontenible, lo que no queremos recordar que sabemos.

La violencia de una relación está dibujada en sus sutil rutina y Ortiz nos la pone de frente, terriblemente visible. Así, el evento diario se convierte en suceso fantástico cuando ya no cabe en sí mismo porque se ha extendido a regiones que nos asustan, por ejemplo, ¿se han preguntado cuántas combinaciones espacio temporales tuvieron que ocurrir para que nos convirtiéramos en los que somos ahora? Una premisa profunda que se despliega tan sencillamente en algunos de los cuentos de Primaveral.

El libro se construye de pequeños infiernos, de soberbias satisfacciones y horribles sucesos que a veces pasan desapercibidos en la vida común pero que están allí, amenazando con cambiar nuestra idea del mundo. Lo obliga a uno a pensar si no estamos actuando siempre para que el otro pueda continuar con la ficción de nosotros mismos, para que el otro sobreviva el día a día.

Leer Primaveral  les traerá un incómodo placer con historias que tienen el mismo efecto que cuando miramos un objeto por mucho tiempo, o repetimos una palabra hasta que dejan de ser lo que eran y revelan una naturaleza desconcertante.

Hay una terrible verdad en todo esto, lo indecible se esconde en las palabras de todos los días, lo insólito se alimenta de rutina.

Un libro definitivamente recomendable que, dicho sea de paso, está tan cuidado como su contenido: la hermosa edición, los colores y las texturas de las páginas son una de las prioridades de la editorial Acapulco que apuesta por recordarle al lector que un libro es un objeto de arte en sí mismo, amén de lo que pueda escribirse en él.

Aquí pueden conseguir Primaveral y, de paso, ver todas las novedades que la editorial Acapulco ofrece y que demuestran que es una a la que debemos seguirle la pista.

Por Luis Miguel Albarrán @Perturbator