Se ha ido uno de los grandes, un latinoamericano, un poeta.

Nadie quiere imponer lecturas, es aburrido y pretencioso, pero hay pocas excepciones, pocas veces en donde uno acepta, sin más, que se debe leer a alguien. Juan Gelman es uno de esos poetas que se deben leer. Punto.

Es triste la necrofilia de la literatura, el triste repaso por un escritor sólo cuando le llega la muerte, pero cualquier pretexto es bueno para leer al Gelman, otra vez, recomendar la lectura de uno de los más importantes poetas de Latinoamérica sobrepasa cualquier fingido recato.

Gelman nació en Argentina, comenzó a trabajar como periodista y se convirtió en diplomático después. Fue ahí que se vio exiliado por uno de los regímenes más sangrientos del planeta, que causó la muerte de casi 30 mil argentinos.

Gelman fue un exiliado en todo el sentido de la palabra, un rechazado cuyas denuncias incomodaron a un régimen, un hombre que asumió la imposibilidad de vivir en su país de origen con la tristeza más bella, plasmada en algunos de los mejores versos que vio el español del siglo XX. Su persecución fue denunciada por Gabriel García Márquez, Augusto Roa Bastos, Juan Carlos Onetti, Alberto Moravia, Eduardo Galeano, Octavio Paz, entre otros.

La poesía del perseguido, del que ya no es de ningún lugar pero que, como cualquier luchador social, se alimenta de esperanza. No queda lamentarse por su muerte. Queda leerlo, siempre volver a él cuando nos preguntemos el lugar de la poesía en el mundo, cuando nos cuestionemos nuestras obligaciones frente a los demás.

 

 

Hechos

mientras el dictador o burócrata de turno hablaba
en defensa del desorden constituido del régimen
él tomó un endecasílabo o verso nacido del encuentro
entre una piedra y un fulgor de otoño

afuera seguía la lucha de clases/el
capitalismo brutal/el duro trabajo/la estupidez/
la represión/la muerte/las sirenas policiales cortando
la noche/él tomó el endecasílabo y

con mano hábil lo abrió en dos cargando
de un lado más belleza y más
belleza del otro/cerró el endecasílabo/puso
el dedo en la palabra inicial/apretó

la palabra inicial apuntando al dictador o burócrata
salió el endecasílabo/siguió el discurso/siguió
la lucha de clases/el
capitalismo brutal/el duro trabajo/la estupidez/la represión/la muerte/las sirenas policiales cortando la noche

este hecho explica que ningún endecasílabo derribó hasta ahora
a ningún dictador o burócrata aunque
sea un pequeño dictador o un pequeño burócrata/y también explica que
un verso puede nacer del encuentro entre una piedra y un fulgor de otoño o

del encuentro entre la lluvia y un barco y de
otros encuentros que nadie sabría predecir/o sea
los nacimientos/ casamientos/ los
disparos de la belleza incesante