El arte contemporáneo es tal vez el arte más más polémico, el más denostado y el más abandonado. Si tú eres de los que no se acerca al arte que se produce en nuestros días, aquí te damos cinco razones para que no te rindas.

 

No le tengas miedo 

Muchas veces, el arte contemporáneo nos provoca una ansiedad extraña pues creemos inmediatamente que no podemos entenderlo, es como si tuviéramos miedo de confesar que no sabemos de qué rayos habla el artista, o no pudiéramos decir que tal o cual pieza no es buena para nosotros. Nos paramos frente al cuadro o la escultura que no nos dice nada y nos vamos inmediatamente, sin enfrentarla, sin exigirle que nos diga aquello por lo que ha nacido.

 

No se preocupen, hay piezas que literalmente no dicen nada, que realmente no son buenas y, si después de pasarnos un rato pensando y discutiendo aquello que la pieza significa, ésta definitivamente no da de sí, no nos despierta nada, entonces bueno, la pieza es mala para nosotros y punto.

 

Es mucho más placentero discutir una pieza mala que no decir nada frente a una buena. Al fin, todo se trata de discutir, de preguntar, de leer, de poner la obra en la mesa y ver qué tanto podemos sacar de ella. Hacerlo siempre sin miedo, primero porque todas las miradas sobre el arte son subjetivas (la nuestra, por no ser especializada no es menos valiosa), segundo, porque el arte es un juego que debemos disfrutar (sí, acaso el único juego en donde el dolor o la amargura, se vuelven disfrutables).

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Piss Christ – 1987 – Andres Serrano

 

Tu abuela tenía razón: las cosas que valen la pena toman tiempo

Sí, aquí la sabiduría popular aplica completamente: las cosas en las que invertimos tiempo, al final, reditúan muchísimo. En la vida nos hemos encontramos con libros que nos cuestan trabajo, que literalmente tenemos que vencer, sin embargo, siempre nos causa más satisfacción terminarlos que abandonarlos. Las buenas obras de arte no son creaciones divinas, pero algunas de ellas sí que están construidas con una genial sutileza. Entre más tiempo nos tome deshacer la madeja de esa obra, más satisfechos nos sentiremos al final.

 

El arte contemporáneo exige, como cualquier arte, tiempo de reflexión. Al final, el tiempo invertido reditúa en una experiencia estética más rica. Tal vez no serán más felices, ni serán mejores personas, pero definitivamente algo se moverá dentro de ustedes. Hay lágrimas que se agradecen, hay satisfacciones que cuestan. El arte, como el sexo, exige tiempo… si se apresuran terminarán mal.

 

Pónganse a pensar si esa necesidad que tenemos de recibir las cosas rápida y “eficazmente”  no nos aleja también del tiempo de reflexión que la experiencia estética necesita.

 

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Jesus is My Homeboy – 2003 – David LaChapelle

 

Mantente alejado de esta pelea: “Cualquier cosa es arte” vs “Ya no hay arte“

 

¿No se han encontrado con mucha gente, que, enojada, le grita al arte contemporáneo que es una charlatanería, que ya cualquier cosa es arte, y que los museos son vanidad de vanidades?

 

Pues bien, esta posición ha existido desde que el arte existe. Hace cientos de años ya se anunciaba apocalípticamente que nada valía la pena, que los nuevos materiales de la pintura (o la fotografía) terminarían por destruirla, que la imprenta (o el cine, o el e-book) amenazaba a la literatura, que no era posible ser buen fotógrafo en Instagram, etc. Siempre ha sido muy benéfico para el arte que anuncien su muerte porque, tal vez, ése es el momento en donde siempre, victoriosamente, se reinventa.

 

Sí, sí ha habido charlatanes en el mundo, sí hay malos artistas, pero esto poco tiene que ver con el arte contemporáneo, han existido siempre y seguirán existiendo.

 

Es muy cómodo decir que ya no hay arte, que no tendríamos que reflexionar sobre arte contemporáneo porque es una farsa, pero esta posición está más relacionada con lo poco que nos involucramos con las nuevas manifestaciones artísticas.

 

Llegó un momento en que el arte dejó de ser figurativo. Mucha gente le temió a este cambio porque les dijeron que era difícil entender movimientos como el cubismo o la pintura abstracta y terminó por trivializarlos, como cuando dicen que cualquiera podría pintar lo que pintó Picasso.

 

La enseñanza final es, no es tan difícil entender el arte contemporáneo. Mi ejemplo favorito de esto no pertenece al arte contemporáneo pero sí a un tipo de arte que desde que nació fue muy polémico, el arte pop. Muchos conocen la serie de piezas de Coca-Cola de Warhol. Son el tipo de piezas que lleva a muchos a decir, “ya cualquier cosa es arte“, y cuando quieres que alguien te la explique, muchos se van por las ramas, lanzándote en la cara cosas como “bueno, es que… es conceptual, y el contexto histórico… no hay que dejar de mencionar que la posmodernidad declaró que…“. Al final, Warhol dijo esto:

Lo que es genial de este país es que Estados Unidos ha iniciado una tradición en la que los consumidores más ricos compran esencialmente las mismas cosas que los más pobres. Puedes estar viendo la tele, ver un anuncio de Coca-Cola y sabes que el Presidente bebe Coca-Cola, Liz Taylor bebe Coca-Cola y piensas que tú también puedes beber Coca-Cola. Una cola es una cola, y ningún dinero del mundo puede hacer que encuentres una cola mejor que la que está bebiéndose el mendigo de la esquina. Todas las colas son la misma y todas las colas son buenas. Liz Taylor lo sabe, el Presidente lo sabe, el mendigo lo sabe, y tú lo sabes.

 

Su obra entonces es una forma de declarar su fascinación ante un objeto, la Coca Cola, cuya propaganda lo convierte en un objeto casi democratizador, algo que es lo mismo para todos y que te puede poner en el mismo estatus de quien sea. A Warhol le sorprendía este fenómeno y lo plasmó ahí. Listo. Tan sencillo como eso. Todo lo que se diga de más de este cuadro si acaso aumenta nuestra visión del cuadro y del mundo, pero básicamente se trata de la idea expuesta arriba y eso ya es mucho y es hermoso.

 

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Green Coca-Cola Bottles – 1962 – Andy Warhol

 

Es la forma más directa para entender el mundo en el que vives.

 

Uno puede enterarse de las cosas que pasan en el mundo fuera de nuestro contexto y lo que los analistas opinan de ello en cualquier periódico o revista. Sí, esto es muy importante para entender nuestro entorno, sin embargo, el arte contemporáneo (cualquier arte en realidad) también nos ayuda a entender el mundo sólo que de una manera más entretenida y dinámica.

 

Incluso cuando esa obra extraña trata de decirte, “no hay nada más que hacer, este mundo no tiene ningún sentido y no nos queda nada más que aprender“, bueno, también ahí, muy a pesar del artista, entendemos mucho de este mundo, y presentimos por qué el artista diría una cosa así.

 

Lo excelente del arte contemporáneo es que nos mete en las incómoda discusión de nuestra vida actual sin darle muchas vueltas al asunto. A veces, los golpes sentimentales que nos da una obra de teatro o una película, son suficientes para entender el complicado infierno del amor, de la pérdida, etc. No quiere decir que el arte clásico no hable de las cosas que nos pasan, sólo que el arte contemporáneo lo hace de una manera más fresca y en la que nos podemos involucrar activamente (literalmente hay obras que podemos intervenir), es un arte hecho para que nuestros ojos lo vean en este momento.

 

Ser crítico con tu entorno y comprenderlo mejor a través de la experiencia del arte contemporáneo puede verse como una posición política, lo es en muchos sentidos, pero lo importante es que, no rendirte con el arte contemporáneo, es una oportunidad de ver tu entorno de manera diferente. La conformidad y el arte nunca se han llevado bien.

 

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El Museo Guggenheim Bilbao -1997- Frank O. Gehry

Sí, debemos arrebatarles el arte

El arte contemporáneo no es un privilegio, no debe ser visto como la diversión de un selecto grupo que, o bien tiene los conocimientos para disfrutarlo o el dinero para consumirlo.

 

Son escasos los artistas que quieren que su obra sea consumida sólo por los críticos, al contrario, muchos excelentes artistas piensan que la verdadera parte fundamental de su creación es el diálogo con los espectadores no especializados. Esa gente, al fin, podrá destruir o justificar la obra sin escribir sendos tratados, sino, acaso solo, con el soplo del disgusto o la sonrisa de la satisfacción.

 

Es cierto, tenemos grandes museos pero también están las pequeñas galerías, la calle, los lugares otros  en donde el arte también ocurre. Arrebatarle el arte contemporáneo al grupo selecto que cree que le pertenece es la mejor forma de volverlo más rico y dinámico.

 

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Neolithic Vase with Coca-Cola Logo – 2010 – Ai Weiwei

 

Por Luis Miguel Albarrán @Perturbator