Sin duda un libro que nos permite conocer y comprender el pensamiento de un protagonista en la construcción de nuestra democracia, a partir de sus vivencias, reflexiones y escritos, con una nueva lente, más sensible y más clara

México: La difícil democracia, es una recopilación de los artículos publicados por Woldenberg entre enero de 2010 y octubre de 2012 en el diario Reforma. El objetivo es que “el respetable”, como llama al lector, tenga a la mano diversos ángulos para comprender y valorar el proceso de transición democrática en México. Aborda puntualmente temas como la evolución de las instituciones políticas, los retos en materia electoral, el papel de los medios de comunicación en la consolidación democrática, las complejidades sociales actuales, los saldos del feminismo y los problemas en la impartición de justicia.

El mestizaje como pretensión de construir una nación post colonial, tuvo claros visos de terminar en una sociedad con graves desigualdades, diferencias y malestares. ¿Cómo combinar estos ingredientes y entenderlos dentro de una sociedad que afínales del siglo XX se asomó a la vida democrática como método para la convivencia? José Woldenberg nos ofrece un manual para que el ciudadano común logre interpretar los procesos políticos y sociales que se han presentado en los últimos años.

En estos escritos (memorias en muchos casos), narra con sencillez y emoción su paso por la vida política, hombre de izquierda, señala los cuellos de botella y las decantaciones sin límites de la vida democrática. Parece ser, comenta, que México es una sociedad que aún no se acostumbra a las vicisitudes del diálogo, en ocasiones extrañamos la eficacia del autoritarismo y no comprendemos que el camino de la democracia es sinuoso.

Cita a Pipino:

“Quizás la propia política es lo que nos atemoriza”, por ello es necesario realizar una valoración de lo logrado, de lo alcanzado.

Hay dos fórmulas para evaluar el cambio:

“a) contra lo que existía antes y b) contra nuestras expectativas… los que celebramos el paso adelante y los que se enojaron por que no habíamos alcanzado cabalmente nuestro objetivo” respecto a los avances en México dice: “ para los que creen en los avances parciales, en los pasos sucesivos, en el gradualismo de los cambios, el referente suele ser la situación anterior, mientras para los que deseen y sueñen un cambio a las alturas de sus expectativas, toda reforma carece de sabor y todo pequeño cambio no es sino más de lo mismo”.

Con una familiaridad que contrasta con la seriedad y la impermeabilidad de su persona, Woldenberg nos introduce al análisis socio-político con conceptos clave que permiten comprender las reformas que han moldeado nuestra vida política, sube al rin de la página a diversos autores, los cuestiona y los avala, se cuestiona y cuestiona a los intelectuales: ¿Por qué somos como somos [los intelectuales]?

“Nos sentimos superiores, tejidos a mano; porque suponemos que nuestros conocimientos son más vastos y completos, porque creemos comprender mejor lo que sucede”. Con acierto señala los grandes temas que aquejan la vida cotidiana de la sociedad moderna, entre otros, “el nosotros y el ellos”… la discriminación; “el principal problema que perciben las minorías étnicas es la discriminación, segundo la pobreza y el desempleo”. Es necesario por ello, apunta, una educación para la convivencia de la diversidad y políticas que otorguen una condición igualitaria a las personas, “porque las sociedades y los pueblos activan con facilidad profundos resortes de discriminatorios”.

Llama la atención a reflexionar sobre la desigualdad, porque esta es “asumida como parte de nuestro paisaje y no nos conmueve, estamos acostumbrados”. Es necesario entonces pensar en un diferente papel del Estado, que garantice el bienestar de las sociedades, el crecimiento y la igualdad, “porque la inerciadel mercado no sólo está generando ciclos muy inestables de crecimiento sino millones de conciudadanos que no pueden acceder a un empleo formal y al ejercicio pleno de sus derechos”, un modelo en el que no sean los más ricos los que paguen menos impuestos, sino que participen en la disminución de las profundas desigualdades.

El autor no deja pasar la oportunidad de señalar la responsabilidad e importancia de los medios de comunicación en el proceso de consolidación democrática, “durante décadas, los medios de comunicación estuvieron subordinados, como otras instituciones y actores, a la voluntad de los distintos presidentes”; sin embargo, la libertad con la que hoy cuentan los obliga a ser garantes para que los ciudadanos cuenten una efectiva calidad de información. En materia electoral recuerda la molestia de la Cámara de la Industria de la Radio y la Televisión (CIRT) cuando el IFE aprobó el reglamento de radio y televisión de la elección pasada, al respecto cuestiona: “¿no ha llegado la hora de que los dueños de las televisoras nos digan si van a cooperar para que el proceso electoral transcurra de buena manera?… el derecho a la información y a la réplica, señala, es algo que nos conviene y conviene también a los mismos medios.

Sobre el feminismo medita: ¿Qué desató el feminismo?,

“el feminismo desató una ola informe pero potente en busca de la igualdad de derechos entre los hombres y las mujeres (no sólo formales, nominales sino asumidos, ejercidos), la reivindicación de que el cuerpo de las mujeres era suyo (no del Estado, menos de la Iglesia, tampoco de su pareja o de sus padres, etc.).”

Denuncia los casos en que estas conquistas son aun suprimidas por el conservadurismo en algunos estados, por ejemplo en Guanajuato, en dónde se ha sentenciado a mujeres por tener abortos naturales con penas que rondan los 26 y 30 años de prisión; ellas han sido acusadas por “homicidio en razón de parentesco”, el equivalente al homicidio calificado, “los jueces no las sancionaron por ello [por causa de aborto], sino las consideran asesinas, como si hubieran matado a su pareja, a un hijo o a sus padres”.

El autor nos comparte jocosamente, el valor del acceso a la información, como la resolución de una incógnita generada en un episodio de su juventud,que sería resuelta gracias a la reforma constitucional que permitió el acceso a la información pública, “el 11 de septiembre de 1971 decenas de miles de jóvenes nos reunimos para oír rock y sentirnos contemporáneos del mundo”, en aquel festival celebrado en Avándaro, una muchacha bailó semidesnuda en el toldo de un tráiler, durante años la tarea de muchos fue descubrir la identidad de aquella mujer. Woldenberg cita a Federico Rubli: “Ahora… y gracias al acceso que tuve para consultar los expedientes de la Dirección Federal de Seguridad al amparo de la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública, descubrí la prueba irrefutable que identifica plenamente a la famosa chava. Se trató de Laura Patricia Rodríguez González Alcocer, en ese entonces de 18 años, originaria de Guadalajara, Jal. Ésta, su verdadera identidad, se encuentra asentada en el expediente (D.F.S.)-14-4-17, Legajo 1… con fecha 25 de septiembre de 1971, depositado en la Galería 1 del Archivo General de la Nación…”, la “encuerada de Avándaro”.

Finalmente, el autor deja salir un recuerdo de la memoria: “los estudiantes estábamos de nuevo en las calles, pero al intentar dar vuelta en la calzada México-Tacuba un grupo de jóvenes, armados con cañas de bambú, atacaron a la avanzada de la manifestación. Se abrieron paso entre los granaderos (o mejor dicho los granaderos los dejaron pasar). Rápidamente, en fracciones de segundos (así parecieron), nos topamos con la arremetida de estos jóvenes vociferantes que pegaban a quien tenían enfrente. Se oían balazos, alaridos, órdenes a las que nadie hacía caso y el nerviosismo se expandía como una ola creciente. El miedo y la rabia se confundían… eran un grupo paramilitar denominado Los Halcones.”

@yisusrc