Sam Graham-Felsen, el encargado de las redes sociales en la primer campaña de Obama habló alguna vez de la importancia de contraatacar rápido. Siempre que alguien atacaba al entonces candidato, había que responder de inmediato, y así se hacía, pero pocas veces con palabras. El clásico poder de la foto y el video a la hora de construir o destruir una reputación cobraron un nuevo significado cuando comenzaron a circular en las redes sociales.

 

Si nos ponemos a pensar en los actos que definitivamente ayudan a los damnificados, debemos pensar en las colectas que la sociedad civil ha organizado, en los militares que salen a esas peligrosas zonas literalmente a sacar a la gente de zonas inaccesibles, en la aplicación correcta de los planes de emergencia. Incluso esos esfuerzos enfrentan obstáculos cuando, por ejemplo, las vías de comunicación también son afectadas.

 

Siempre me ha preguntado por qué los presidentes van a la zona de desastre. Es cierto que se trata de un gesto más simbólico que práctico, y claro, el pretexto perfecto para tomar estas fotos, para enviar un mensaje.

 

La foto del mandatario ayudando a los desvalidos es ya un género. Su intención es evidente, dejar de manifiesto la preocupación (y ocupación) de los presidentes en los momentos de más necesidad. Es el montaje de la poderosa narrativa del presidente con la camisa arremangada, pasando comida, pisando el lodo, como tú o como yo.

 

Las fotos deben estar perfectamente bien curadas. El patetismo de las víctimas frente a la cara de consternación y de esperanza de los mandatarios.

 

No quiero parecer ingenuo, los desastres naturales no son culpa de Peña Nieto, y no fue en su administración que se construyó la autopista del Sol, tan cara y tan conflictiva. El problema más bien radica en preguntarnos cuál debería ser el papel del presidente en este tipo de tragedias. Me parece que vigilar la buena distribución de los recursos de los contribuyentes para ayudar en este tipo de desastres, es más relevante que acudir al lugar afectado. Tal vez lo necesitamos girando órdenes de ayuda y monitoreando su cumplimiento y no entregando despensas.

 

Un gesto simbólico cuyos fines  no me convencen. Graham-Felsen, ese encargado de las redes sociales de Obama, habló también de la importancia de hacer que la figura central de los videos y fotos no fuera el mandatario sino las personas a su alrededor. Se dio cuenta que los videos más virales, eran aquellos en donde la gente interactuaba con el mandatario, en donde se compartían penas y alegrías; claro, Graham-Felsen era también cineasta.

 

Cuando hablamos de la actuación de Peña Nieto en la tragedia de Guerrero, la palabra cobra nuevos sutiles matices.

 

Aquí están Peña Nieto y la primera Dama, quien además tiene quince años de experiencia en la actuación. 😉

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