Salomé, la obra de Oscar Wilde, se estrena el 27 de Julio dirigida por Mauricio García Lozano.

Salomé es un nombre que bien conocen los escritores irreverentes, su historia es una flor maldita, un amasijo de pecados, deseos, muerte, sacrilegios y lujo. La hijastra de Herodes apenas y aparece en el Nuevo Testamento (en donde ni siquiera pronuncian su nombre) pero eso fue suficiente para que los artistas se obsesionaran con la mujer que, según las fábulas modernas, mandó cortar la cabeza de San Juan Bautista.

La historia de Salomé es de aquellas sencillas pero empapadas de símbolos poderosísimos que la hacen siempre vigente. Herodes mantiene encerrado en un calabozo a San Juan Bautista, quien augura que el castigo divino caerá sobre la ciudad pecadora. La hijastra de Herodes, Salomé, queda prendada del profeta, quien la rechaza desde luego por provenir de un linaje de lascivia. Salomé entonces pide la cabeza de San Juan en una bandeja de plata.

La historia ha cambiado con el paso de los años y no se pude decir que hay una versión original, el caso es que Oscar Wilde, como buen decadente, escribió por el año 1893 una obra dedicada a Salomé. Lo hizo durante el periodo en que viajó a Francia y conoció a Mallarmé y compañía.

La Salomé de Wilde fue censurada en Inglaterra y su primer representación fue en Francia. La obra está cargada de motivos decadentes: el incesto, la necrofilia, el deseo prohibido, el eros negro, el lujo y el pecado.

Para nuestra fortuna, Mauricio García Lozano ha tenido a bien dirigir la obra escrita por Wilde.

Con un libreto muy fiel al texto original, la obra que se presenta por una corta temporada en el Teatro Helénico, es un verdadero acierto. Salomé es una obra muy difícil, y no cualquiera se avienta al ruedo con ella, pero el elenco bajo la batuta de García Lozano ha encontrado en el texto un lugar para moverse con mucha libertad.

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Herodes, representado por José Semafi, tiene un aire de patriarca tropical que lo convierte en un personaje con el que el espectador se siente cómodo inmediatamente. Jokanaán, representado por Leonardo Ortizgris, es uno de esos personajes en donde el maquillaje y los silencios (sus poses de descanso) los son todo. Este Jokanaán de Ortizgris puede encarnar una fuerza inmediata y felina o un patetismo digno de Cristo bajado de la cruz.

Es necesario hablar de Salomé desde luego, que quedó a cargo de la actriz Irene Azuela.  La Salomé de Oscar Wilde es un gran reto, es una tensión entre la vida y la muerte hecha mujer. Irene Azuela logró (principalmente a través de un lenguaje corporal sobrecogedor) exhibir la desesperación de Salomé al no recibir la atención de Jokanaán. Esta Salomé, no hay duda, nos empapa de deseo, más todavía en la gran escena de baile que, si bien no es la danza de los siete velos -un puntito menos-,  sí que deja al público bien aferrado a su asiento.

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Azuela sabe perfectamente que Salomé es uno de esos diamantes hipnóticos de la antigüedad, y usa cada centímetro de su cuerpo para confirmarlo. Pero la atracción deviene necesariamente en poder y es aquí en donde el personaje no ha quedado tan bien parado, por algunos minutos, esta Salomé parece una adolescente indecisa y no una mujer capaz de conseguirlo todo, incluso después de la muerte (un poco más fiel al texto de Wilde).

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Una dirección excelente que culmina en una obra estable. Nota aparte sobre la iluminación que, no se deje engañar querido lector, tiene mucho qué decir. Digamos que la luna y la sangre y el miedo son uno con el reflector.

Es definitivamente recomendable, la Salomé de García Lozano revive la hermosa y retorcida embriaguez de Wilde por una mujer que se atrevió a besar los labios del sacrilegio.

Salomé

Viernes 20:30 hrs. 
Sábados 18:00 y 20:30 hrs.
Domingos 18:00 hrs.
Estreno 27 de Julio 
Centro Cultural Helénico