La  novela de Yuri Herrera es un fascinante acercamiento a la tensión entre el cuerpo y sus discursos. Traficar con los muertos nunca había sido tan lúdico.

Siempre he creído que cuando Galileo decía que los cuerpos se mueven, hacía una afirmación más allá de la astronomía. Por ejemplo, los cuerpos que habitan esta tierra se mueven porque se intercambian, porque se impactan entre ellos, porque quedarse quieto tal vez nos recuerda mucho a la muerte o tal vez nos movemos para encontrar el lugar adecuado, para curar el ansia de no poder ocupar el mismo espacio. Por ello el sexo es el gran tabú, la gran pulsión, sólo gracias a él, ocupamos por un instante el espacio, el cuerpo de alguien más.

 

Yuri Herrera está consciente de los movimientos y avatares del cuerpo, específicamente, de la posibilidad de traficar con ellos.

 

La transmigración de los cuerpos es una novela que explora precisamente esas ficciones que se tejen alrededor del cuerpo, es decir, de cómo el ser humano, al final se reduce a un cuerpo y al discurso de ese cuerpo.

 

La novela narra la historia de un hombre apodado el “Alfaqueque”. Durante la epidemia que paralizó al país a tal grado de que se impusiera un velado toque de queda, la familia Fonseca y la familia Castro se encuentran en un difícil dilema: los Castro tienen el cuerpo de Romeo Fonseca y los Fonseca el de la Muñe Castro. Los Castro no saben que la Muñe está muerta, lo Fonseca ignoran que Romeo también.

El Alfaqueque es contactado para organizar un intercambio limpio de los cuerpos, secuestrados por un malentendido que revelará una intriga entre ambas familias. Ahora, el Alfaqueque deberá encontrar la forma de hacer un intercambio limpio entre las familias.

 

La anécdota se complica en un disfrutable vaivén de secretos, verdades a medias y exigencias violentas. El Alfaqueque debe usar su verbo, para realizar el intercambio y el altercado no pase a mayores, al fin, ése es su trabajo.

 

La transmigración de los cuerpos devela una tensión fascinante entre el discurso y el cuerpo, entregar cuerpos muertos no será del agrado de las familias, traficar con muerte es muy caro, pero no hay remedio para el Alfaqueque, debe mover la lengua para que los cuerpos regresen a su lugar.

 

El Alfaqueque nos demuestra que restaurar la armonía es mantener un equilibrio entre el discurso y el cuerpo: somos “verbo y verga” nos dice en algún momento, recordándonos otra vez que, cualquier intercambio, cualquier cambio de estado y cada paso que damos está determinado por el cuerpo y sus discursos.

 

La prosa tan fluida de Yuri Herrera teje una trama que acelera el pulso del lector, si abren la novela ya no la cerrarán. Un libro definitivamente recomendable que nos dice de la manera más clara cómo es que se mueven los cuerpos.

 

La transmigración de los cuerpos
Yuri Herrera
Editorial Periférica

 

Por Luis Miguel Albarrán @Perturbator