*Este artículo fue escrito en respuesta a “De dificultades de un principio de año y buenas intenciones”, publicado en Sopitas.com en enero de 2013.

En el museo TATE de Londres se exhibe una obra del artista chino Ai Weiwei. La obra está compuesta por mil millones de semillas de girasol hechas de porcelana y pintadas a mano. Para Ai, las semillas de girasol tienen una asociación personal con la brutal Revolución Cultural de Mao Tse Tung (1966-76). Mientras a los individuos se les arrebataba su libertad individual, las imágenes de propaganda del gobierno mostraban a Mao como el sol y a la masa de personas como girasoles contemplándolo. Sin embargo, Ai recuerda el compartir las semillas de girasol (una botana común en China) como un gesto de compasión humana, amistad y bondad durante un periodo de extrema pobreza, represión e incertidumbre.

Qué distinto es ayer de hoy.

Hace un par de días veía la presentación de los Google Glass, anteojos con una pequeña pantalla y una cámara que responden a instrucciones de voz. Con ellos se puede traducir, tomar y compartir fotografías y videos, consultar mapas, enviar y recibir mensajes, y más. Son sorprendentes éste y otros productos de Google, como el sistema operativo Android, el Art Project, la plataforma de correo electrónico Gmail, el navegador de mapas gratuito y los procesadores de documentos de Google Drive, en el que ahora escribimos este artículo. Sorprende lo logrado en solo 15 años por las 30,000 personas que colaboran en esta empresa: una de las 150 más grandes del mundo, una de las 10 mejores para trabajar y la que permite a miles de millones comunicarse, aprender y trabajar de formas inimaginables en nuestros 200,000 años de existencia como especie.

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Los beneficios de empresas como Google no sólo se reflejan en los salarios de sus miembros, en las ganancias de los accionistas o en los empleos que generan. Durante la Primavera Árabe, ciudadanos de Túnez, Egipto, Libia, Yemen, Bahréin y Siria organizaron protestas a través de  Facebook y Twitter en contra de actos represivos de sus gobiernos; también denunciaron por Bambuser y YouTube la pérdida de alrededor de 90,000 vidas humanas y las violaciones a los derechos de decenas de miles más.

En la misma línea, algunos de los periódicos de mayor difusión en el mundo, como El País, Le Monde, Der Spiegel, The Guardian y The New York Times, junto con colaboradores de Wikileaks, ayudaron a denunciar el abuso a los derechos humanos en las guerras de Afganistán e Irak, la negligencia ambiental de empresas en Albania y el manejo irresponsable de inversiones por parte de banqueros islandeses. Facebook, Google juntó con otras organizaciones y más de 3 millones de personas son conscientes del alcance de estas innovadoras formas de comunicación, por eso apoyan iniciativas para conservar internet libre y abierto en todo el mundo.

Además, en Kenia, Uganda, Tanzania, Ruanda y Afganistán la empresa británica Vodafone permite a millones de personas en comunidades aisladas realizar transacciones monetarias con celulares. Con esta tecnología pueden recibir recursos de programas de ayuda internacional, ahorrar e invertir, adquirir bienes y servicios antes inaccesibles por el aislamiento o por no contar con los requerimientos para tener una cuenta bancaria. Por medio de este servicio, disminuyó la corrupción en la administración de la ayuda y ahora se distribuye de manera más directa y eficaz. Y Vodafone también se beneficia de ello.

 

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Un mundo más y mejor comunicado se traduce en mejores iniciativas civiles. Nunca antes en la historia las personas donaron tantos recursos a organizaciones como Amnistía Internacional, la Cruz Roja, Fundación Cinépolis, Mexicanos Primero, TED y el Teletón. Las nuevas tecnologías conectan las iniciativas de la sociedad civil con los deseos de ayudar de millones de personas en todo el mundo. Hasta hoy se han reproducido más de mil millones de vídeos en TED. La Fundación Cinépolis evitó la ceguera de más de 15 mil mexicanos. Mexicanos Primero produjo el documental “De Panzazo” y editó el libro “¿Cómo cambiar historias?” para divulgar las fallas en la educación privada y pública en México. Amnistía Internacional ha expuesto la discriminación y las violaciones a los derechos de migrantes, la trata de personas y las fallas en el sistema penal en México. El Teletón es la organización civil para la rehabilitación infantil más grande del mundo y recibe el 70% de sus ingresos de más de 20 millones de donantes (a diferencia de lo que algunos piensan ninguna empresa se beneficia a partir de las donaciones que no son deducidas de impuestos por otras personas o empresas).

El apoyo a estas iniciativas muestra la capacidad de las personas comunes de mejorar su sociedad por canales no tradicionales, sin esperar a que lo hagan clases políticas establecidas por medio de los recursos públicos; en el caso particular de México sobran ejemplos de proyectos públicos utilizados con objetivos distintos al benéfico de la sociedad.

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¿A qué se debe este cambio? ¿Qué condiciones protegen la creatividad y la solidaridad?

Todos los días, distintas sociedades, con distintas reglas y diversos individuos formamos parte del juego de cooperación más grande y complejo que conocemos. Hay millones de personas en todas partes del mundo que se benefician de ayudarnos a tener una vida próspera, con mejores oportunidades, más saludable y mejor comunicada.

En los últimos 200 años de la historia humana ha habido cambios sin precedentes en nuestros  niveles de vida. Nunca antes el ciudadano del mundo había sido tan prospero, saludable, educado, comunicado y enérgico por ayudar. La economista Deirdre N. McCloskey bautizó de manera muy acertada a este cambio como el Gran Hecho  de la historia humana.

Nuestro desarrollo sin precedentes tristemente contrasta con la evidencia de injusticia, de violencia, del deterioro de nuestro ecosistema y la desigualdad de oportunidades. Esto puede crear suspicacia de la economía de mercado, y a través de un análisis simplista, se le pueden atribuir estos problemas como defectos inherentes. Antes de tomar este camino hay que considerar que ninguna sociedad en la historia humana ha estado exenta de la injusticia y la barbarie de individuos que usan su creatividad para hacer trampa, engañar, robar, contaminar, callar, asesinar o limitar la competencia. Es falaz creer que la economía de mercado trae por sí sola la desgracia o incluso la prosperidad. Sólo las acciones de los individuos pueden tener dichos efectos. Los cambios se generan de la acción individual, esto es, con nuestro trato hacia nuestro ambiente y nuestros semejantes. De nada sirve un instituto electoral o de justicia si las personas no asumen la democracia y la justicia como una forma de vida que se basa en las ideas de libertad, igualdad de oportunidades, dignidad y respeto.

Las decisiones voluntarias y la igualdad ante la ley son la parte central de la economía de mercado. Este sistema toma en cuenta que nadie conoce más sus pasiones que uno mismo y nadie puede reemplazar la dignidad de elegir libremente lo queremos hacer, con quién queremos cooperar, a quien queremos ayudar y a quién le damos permiso que nos ayude. La diversidad de las actividades y productos en nuestra economía puede ser vista como el reflejo de la tolerancia a las innumerables preferencias de una sociedad.

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El reto de generar prosperidad, al mismo tiempo que respetar la voluntad individual y la dignidad humana no es trivial. Si deseamos una sociedad más próspera se necesita anteponer el uso de la razón sobre la coerción. Necesitamos permitirnos representantes honestos, realistas y humildes que reconozcan su nula capacidad de orquestar las miles de millones de acciones que se toman simultáneamente en una economía y las formas en que las personas se relacionan al cooperar junto con la manera de reaccionar ante la adversidad o la prosperidad.

Algunos piensan lo contrario, que los sistemas de cooperación deben asemejarse a sistemas mecánicos que se pueden controlar con botones y palancas para generar prosperidad. Algunos de ellos llegan a ser representantes de gobierno y se embarcan en la aventura interminable de diseñar y controlar el desarrollo de sus sociedades. Hemos visto países transitar por este camino y fracasar de manera catastrófica. Una y otra vez somos testigos de la creación de estados basados en el paternalismo y narcisismo de sus gobernantes, donde se olvida que las acciones del gobierno son financiadas con las actividades productivas de sus ciudadanos. Al final del día, los intereses de unos pocos suprimen el empoderamiento de sus ciudadanos con el argumento del sacrificio individual por el bien colectivo, fracasan en tomar en cuenta que cada persona es un fin en sí mismo, que cada individuo tiene diversas ideas, aspiraciones y deseos. Como consecuencia, estas sociedades reemplazan el trabajo en proyectos voluntarios por el trabajo en proyectos faraónicos gubernamentales; cambian la búsqueda de innovación por la búsqueda de rentas; pasan de reglas que pueden transformarse a las reglas fundamentalistas y estáticas; cambian la libertad de expresión por la intolerancia; premian la mediocridad con subsidios y castigan el esfuerzo con impuestos o expropiaciones.

Es importante estudiar el punto en el que nuestra sociedad se encuentra y las formas en las que hemos logrado alcanzar niveles de vida antes insospechados. Es necesario examinar con cautela los artículos o discursos que atribuyen de forma simplista los serios problemas actuales a pocas causas que se pueden solucionar con fórmulas mágicas. Nos enfrentamos a serios retos y debemos de recordar que los ideales de libertad, democracia y justicia no se ganan ni se otorgan, se defienden a diario. Nuestras perspectivas pueden ser distintas, pero es innegable que la democracia y la economía de mercado han sido los sistemas más exitosos para que el uso de la creatividad individual resulte en la solución de los problemas más graves. Si deseamos una sociedad más próspera es ineludible preguntarse: ¿Qué uso le doy a las nuevas herramientas que tengo a mi disposición? ¿Qué hago para contribuir a un mundo más próspero y justo? El debate se enriquece cuando en lugar de preocuparnos por crear una “identidad” nacional, nos preocupamos por crear un sistema donde se respete la diversidad natural del humano. Cuando en vez de preocuparnos por fortalecer al gobierno, nos preocupamos por fortalecer al individuo.

No somos girasoles buscando un sol, cada uno es el sol de su tierra.

Por:  Fernando Valdés Benavides y Ruy Alberto Valdés Benavides

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Este artículo fue escrito con la valiosa cooperación de:
  • Julen Berasaluce Iza
  • Luis Sánchez Mier
  • Juan Antonio González Guerra
  • Iván Martínez Sotelo
  • Erich Meiners Muñoz