Tras la detención de Elba Esther Gordillo, muchas personas han señalado la similitud del caso con el famoso “Quinazo” ocurrido hace 24 años.  Para aquellos que no habían nacido o que no conocen el significado del ‘Quinazo’, aquí les explicamos.

A poco más de un mes de que Carlos Salinas de Gortari tomara posesión de su cargo, el 10 de enero de 1989, mandó arrestar a Joaquín Hernández Galicia, alias “La Quina”, líder del sindicato petrolero. A más de 20 años y con el PRI de vuelta en el poder, la historia del la Quina se repite.

En 1962, Hernández Galicia alcanza el puesto de Secretario General del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana y a partir de entonces comenzó a forjar un imperio enorme.

Era bien sabido que la Quina realizaba negocios personales con recursos sindicales, que reprimía toda disidencia y hasta se sospechaba de tráfico de armas; fue denunciado además por secuestro e intimidación. Nadie se atrevía a tocarlo.

La Quina había chantajeado y amenazado a varios presidentes de la República, tenía en su poder decenas de edificios, una flota naval y carros tanques. A través del Sindicato creó clínicas, cines, talleres, refaccionarias, balnearios, escuelas y hasta un hospital. Con el paso del tiempo, gobernadores y funcionarios empezaban a deberle dinero y favores al poderosísimo líder del sindicato.

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La Quina era visto como un cacique duro y violento pero al mismo tiempo, logró construir una imagen benévola frente a las personas que se veían beneficiadas por sus inversiones.

En 1984 la Secretaría de Programación y Presupuesto de la administración de Miguel de la Madrid emitió un decreto que afectó directamente los negocios de la Quina. El titular de esa Secretaría era Carlos Salinas de Gortari. La Quina no movilizó al Sindicato en contra de estas medidas pero se encargó de atacar permanentemente a los directores de PEMEX.

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El gobierno de Miguel de la Madrid y La Quina tuvieron muchos choques frontales pero la gota que derramó el vaso fue cuando se hizo público que la Quina apoyaba a Cuauhtémoc Cárdenas, quién competiría contra Salinas de Gortari en las elecciones del ’88.

La Quina se convirtió en un líder incómodo que se pronunciaba en contra del Tratado de Libre Comercio y la privatización de PEMEX durante la administración de Salinas de Gortari. Alguna vez, en Palacio Nacional, La Quina le dijo a Salinas de Gortari en su cara: “ni dos centímetros vamos a permitir que privatice PEMEX, antes nos vamos a la huelga”.

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A poco más de un mes de que Carlos Salinas de Gortari tomara posesión de su cargo, el 10 de enero de 1989, mandó arrestar a Joaquín Hernández Galicia, alias “La Quina”. El ejército irrumpió en la casa del líder moral del sindicato petrolero y un avión de la fuerza aérea lo trasladó a la Ciudad de México.

Muchos pensaban que el sindicato petrolero, uno de los más grandes del país se movilizaría de manera masiva, incluso se temía una huelga. Sin embargo, apenas unas pocas marchas se reportaron y luego se volvieron pequeño mítines. Eso fue todo.

La Quina fue acusado de posesión ilegal de armas y asesinato en primer grado de un agente federal (no de enriquecimiento ilícito o corrupción, los delitos más fáciles de comprobar pero que manchaban a muchos miembros de la cúpula priista relacionados con el sindicato).

La Quina fue sentenciado a 35 años de cárcel pero sólo pasó 8 encerrado. Actualmente, Hernández Galicia asegura que le sembraron 200 metralletas y que su gente jamás había disparado en contra del agente federal.

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Muchas fueron las consecuencias del arresto de ‘La Quina’ pero una de las más importantes fue que facilitó a Carlos Salinas de Gortari obligar a renunciar a Carlos Jonguitud Barrios, líder del Sindicato de Maestros, que quedaría en manos de una antigua conocida de Salinas: Elba Esther Gordillo.

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El conocido “Quinazo” en el salinismo, no tocó la esencia del corporativismo mexicano. Si bien esos líderes habían sido removidos, los sindicatos seguían teniendo un enorme poder así que no se trataba de combatir la corrupción o el tráfico de armas; cuando Salinas de Gortari destronó a Jonguitud y a la Quina de sus puestos mandaba un mensaje muy claro, “nadie por encima del presidente”.

Hasta hace unos días, Elba Esther Gordillo tenía comiendo de su mano a muchísimos políticos, controlaba al magisterio férreamente, levantó la mano de Felipe Calderón cuando le nombraron presidente; su poder era simplemente demasiado. Es evidente que Peña Nieto ha utilizado la misma táctica que Salinas de Gortari, destituir a Elba Esther Gordillo tiene como objetivo legitimar su desacreditada administración, elevar sus niveles de aceptación y demostrar que la mujer que nadie se atrevía a tocar, pudo ser derrocada en su administración. Una vez más, el PRI levanta su clásico canto de guerra: “nadie por encima del presidente”.