Lo sabemos. Es ya bastante gastado hablar de los problemas de género y equidad en estos días. El mundo se encuentra dividido, incluso entre mujeres, contamos con quienes opinan que es un problema del pasado, otras siguen defendiendo sus derechos como si de los cincuentas se tratara.

Lo cierto es que la lucha femenina se ha convertido en algo sumamente mal entendido, mientras unos la tachan de obsoleta, otros usan ese pensamiento para seguir perpetuando el machismo veladamente. Lo sabemos. Tenemos un país en el que a las mujeres se les subestima, se les paga mal por ser mujeres, se les golpea más cotidianamente de lo que pensamos; un país en el que la liberación de género es un parche que a medias logra tapar un pensamiento retrógrada en una sociedad extremadamente conservadora, pero también tenemos un país en el que diariamente miles de mujeres demuestran su competencia en plurales oficios y profesiones, un país en el que seguro recordamos varios matriarcados.

Aún así, de alguna forma volteamos a países como Chile, Argentina, incluso, como Costa Rica y echamos un medio suspiro al aire como anhelando que nuestra sociedad fuera “tan moderna como la suya” y eligiera, como jefa máxima del estado mexicano, a una mujer.

En los recovecos de nuestra ignorancia, es difícil creer el hecho de que países como Sri Lanka, antes Ceilán, una pequeña isla al sureste de la India, haya tenido a su primera mujer en el máximo cargo nacional por primera vez en los años sesentas. La Señora B. ha sido primera ministro de su país en tres ocasiones, en 1960, 1970 y 1994, además de ser líder de su partido durante treinta años.

Medio siglo más tarde, el mundo comienza a llenarse de países que le han dado la oportunidad a una mujer de asumir un cargo que parecía diseñado, desde su nomenclatura, para los hombres: Tarja Halonen en Finlandia, Mary McAleese en Irlanda, Dalia Grybauskaitė en Lituania, Doris Leuthard en Suiza, Ellen Johnson-Sirleaf en Liberia o Pratibha Patil en la India, ocupan los puestos máximos de sus países.

En nuestro continente, actualmente hay sólo tres mujeres presidente, Cristina Fernández de Kirchner en Argentina, Laura Chinchilla Miranda en Costa Rica y Dilma Rousseff en Brasil; sin embargo, a lo largo de la historia ha habido otras mujeres que han llegado al cargo mayor, algunas circunstancialmente, y otras–el meollo del asunto– han sido electas:

Como todo, el trabajo de estas mandatarias ha tenido sus matices, ejemplo claro de esto es la actual presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla, cuyo conservadurismo social nos parece, estoy casi segura, un tanto extremo y hasta retrógrada. Sin embargo, pese a las fallas, pese a todo, no puede arrepentirse una sociedad de darle la oportunidad de competir a los dos géneros que la conforman.

En nuestro país, siendo sinceros, eso no parece cercano aún. En la historia de las elecciones federales han existido solo cuatro candidatas a la presidencia: Rosario Ibarra de Piedra (Partido Revolucionario de los Trabajadores), quien compitió en las elecciones Federales de 1984, ganando sólo 416 000 votos, el 1.84 por ciento y en las de 1988, apoyada sólo por el .43 por ciento, 74, 857 votos; Marcela Lombardo (Partido Popular Socialista), que compitió en 1994 al lado de Cecilia Soto (Partido del Trabajo) ganando el .47 por ciento y el 2.75 por ciento respectivamente; y finalmente, seguro la recordarán, Patricia Mercado que perdió en 2006 con el 2.71 por ciento, 1,128,850 votos, contra Felipe Calderón.

Patricia Mercado era en aquél entonces para algunos “una opción distinta”; pese a que ya se habían postulado otras mujeres con anterioridad, la campaña de Mercado giró en torno al género. La única mujer en la planilla del 2006, comenzó su campaña con una focalización hacia los feminicidios de Juárez –en aquél entonces ya se hablaba de un Estado derrotado por los criminales–, e introdujo ciertas ideas que, para ser sinceros, ningún otro partido había anunciado en esa contienda, como el apoyo al acceso al aborto legal, la igualdad de género y la diversidad sexual.

Su lema de campaña, “Palabra de Mujer”, citando a Luciano Pascoe, fundador del Partido Alternativa Socialdemócrata y Campesina, peloteaba la idea de “que las mujeres tienen una palabra muy sólida y tienen una constitución ética mayor que los hombres”. La campaña de Mercado estuvo dirigida a la población femenina –52 por ciento del padrón electoral–, con la intención de “mandar señales a las mujeres de las enormes posibilidades que tienen de sobresalir en la sociedad mexicana”. Desafortunadamente, solo obtuvo el apoyo de un 3.8 por ciento de la población femenina empadronada.

Era sabido que Mercado es una líder feminista y, a los ojos de muchos, esa lucha de género podría haberse antepuesto a otros intereses nacionales “de mayor importancia”.

Mercado renunció al Partido Alternativa Socialdemócrata y Campesina en septiembre del 2008 argumentando “una usurpación construida por el actual grupo dirigente, con los recursos públicos que debían ser usados para difundir su programa, fortalecer la participación ciudadana y consolidar su presencia electoral”.

Actualmente Mercado encabeza en México el programa Suma “Democracia es igualdad”, fomentado por las Naciones Unidas y encabezado internacionalmente por Michelle Bachelet, que busca sumar voluntades para generar nuevos actores políticos, equilibrar el poder entre mujeres y hombres para generar mejores visiones.

Tal vez, para quienes no son partidarios del feminismo, esta podría ser una lucha un poco exagerada, que no busca la equidad sino voltear la moneda, sin embargo, es claro que en nuestro gobierno existe un enorme desequilibrio entre el número de mujeres y número de hombres que están sentados en los puestos de poder:

Nos gustaría que las gráficas anteriores partieran el pastel por la mitad, 50 y 50, pero aún estamos lejos de ver esa realidad en el organigrama de nuestro país. Por otra parte, en ese 25 por ciento del total de puestos de control en el país, hay muchas mujeres con las que tampoco se comparten ideas. Mujeres casadas con sus partidos políticos que parecen dejar de defender ideales propios y el bienestar social del pueblo del que son parte, por pertenecer a un círculo de elite que busca –y buscará– perpetuar su poder y su posición privilegiada.

En ese 25 por ciento, hay mujeres como la gobernadora del estado de Yucatán, Ivonne Ortega Pacheco (única mujer en ese puesto en todo el país) que es hija de Víctor Cervera Pacheco, quien fue gobernador del mismo estado en dos ocasiones (sí, al parecer es posible), y quien también, por cierto, fomentó la histórica postura de rebeldía yucateca; hay mujeres como Beatriz Paredes, priísta de hueso colorado, que lleva poco menos de 30 años en cargos importantes sin despuntar.

En ese 25 por ciento hay mujeres como Elba Esther Gordillo quien es más conocida por su corrupción y sus cirugías, que por sus logros como Senadora, como Presidenta de la Cámara de Diputados de México, como Secretaria General del PRI ó como Presidenta Vitalicia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.

En ese 25 por ciento hay mujeres como Rosario Robles quien también presumía de su género –Con las faldas bien puestas– y terminó en varios enredos por endeudar, como presidenta del partido, al PRD con Televisa por concepto de los promocionales electorales en la televisión.

Es imprescindible mencionar a las mujeres que figuran en la escena política hoy, ambas panistas, ambas íntimamente relacionadas con Cálerón. A seis días de las Elecciones Estatales de Michoacán, no podemos evitar hablar de Cocoa, la hermana del señor presidente, Luisa María Calderón que, según dijo, se postuló porque el pueblo se lo pidió. La candidata del PAN y Panal acumulaba hace 5 días el 40.6 por ciento de las preferencias ciudadanas, seguida por Fausto Vallejo, candidato del PRI y del PVEM, con 29.6 por ciento, y Silvano Aureoles, abanderado del PRD, PT y Convergencia, con 17.2 por ciento.

Es este otro ejemplo claro para saber que en el poder, el género va perdiendo relevancia, ya no es fácil ganarse al pueblo con “las faldas bien puestas” o “la palabra de mujer”. Sin embargo, es muy triste darnos cuenta de que otros aspectos, como la familia, el partido, la amistad y el compadrazgo, siguen importando. Un poco especulando una respuesta para lo que preguntaba Carlos Puig en su artículo del 3 de noviembre, ¿Y si gana Cocoa?, el truinfo del PAN en Michoacán sería más que simbólico, perversamente significativo. Sería una despedida con bombos para el sexenio de Cálderón, una herencia y una perpetuación de una política que nos tiene a todos aterrorizados, pobres y de luto, de un gobierno que le abre cada vez más la puerta de atrás a las armas extranjeras.

Por otra parte, una más de las mujeres que buscan continuar con el cultivo sangriento panista es Josefina Vázquez Mota, quien ante situaciones como el asesinato del alcalde de La Piedad, Ricardo Guzmán, al parecer una víctima cercana, no pierde oportunidad para utilizar el luto como una estrategia de campaña:

De ninguna manera, lo que queremos hacer es que el llamado de atención sea la participación ciudadana en el proceso electoral, lo que acaba de acontecer nos obliga a una participación aún más amplia, a una mayor conciencia de que esto es el México y el Michoacán que no queremos y que justamente puede y merece ser distinto. 

Yo tengo la certeza de que “Cocoa” Calderón será la gobernadora de Michoacán y hago votos y invito a todos los michoacanos para que esta elección sea una elección de participación histórica y que justamente, la vida de Ricardo, de nuestro alcalde, que fue una vida de honor, de trabajo, de audacia, y de compromiso, se vea reflejada en está participación en las urnas. 

Lo que el crimen organizado busca es el miedo y el silencio, nosotros no podemos ser cómplices del miedo ni del silencio, nosotros tenemos que estar del lado de la democracia, de las libertades, del respeto a la vida, de la dignidad, del orden y del cumplimiento de la ley.

Con estas declaraciones, es claro que lo que importa al PAN en este momento es la gobernatura de Cocoa y que, por otra parte, Vázquez Mota se muestra fríamente fiel a su partido y busca consagrar sus acciones de una forma más humana. Son pocos los que creen que Vázquez Mota llegará a la candidatura, muchos la ven como un personaje débil, sobre todo al lado de los presidenciables calderonistas Ernesto Cordero, de Hacienda; Alonso Lujambio, de Educación; Javier Lozano, del Trabajo, y Heriberto Félix, de Desarrollo Social, o de los otros dos que buscan acceder a la nominación independiente: Santiago Creel y el gobernador de Jalisco, Emilio González Márquez.

Pese a todo, vale la pena traerla a colación para preguntarnos ¿dónde está el resto de las mujeres?, ¿dónde están las de ideas claras, preparación e integridad?, ¿en qué filtro corrupto se quedaron atoradas? Tristemente, al ver cómo se perfilan las elecciones para el sexenio próximo, también habríamos de preguntarnos las mismas cuestiones con el sexo opuesto.

¿Dónde están los mexicanos que lucharán por el buen gobierno?, ¿de verdad esas son las cabezas que sobresalen en nuestro país?, ¿estamos finalmente resignados?, ¿de verdad nos tiene tan asustados la “Guerra conta el Narco”?